Explorando el Pasado, Presente y Futuro de Venezuela Atrevés de El Chico Que Miente

La película, El Chico que Miente, dirigida por Marite Ugas en 2011, cuenta la historia de un niño que viaja por las costas caribeñas de Venezuela en búsqueda de su madre. El niño, que en el presente del filme tiene unos 13 años, sobrevivió al deslave en el estado Vargas en 1999. Ese 15 de diciembre, lluvias torrenciales se convirtieron en ríos, lodo y piedras, remolcando todo a su paso desde el Ávila hacia el mar. El desastre natural destruyo más de 15.000 viviendas, matando 75.000 personas, y dejando 15.000 desaparecidos. Este desastre natural fue una de las peores catástrofes en la historia de Venezuela, y también está vinculado a otros eventos en el desarrollo sociopolítico del país desde el cambio de milenio. El deslave destruyo el hogar de nuestro protagonista, pero más que nada destruyo su familia. Su mamá había desaparecido.

Muchos años después, el niño se embarca en una aventura con aspiraciones de encontrar a su mamá. En su periplo, él se encuentra con diversas personas a las que les cuenta distintas versiones de su pasado. Unas veces él cuenta que su madre murió salvándolo, y otras veces es el padre quien muere en la tragedia. Estas mentiras aluden a una confusión o inseguridad de identidad de parte del niño, pero yo propongo que fundamentalmente, en su viaje él explora diferentes visiones de Venezuela: desde el pasado, presente y futuro.

El presente de la película se centra en el viaje del niño en la búsqueda de su madre, pero también pasa mucho tiempo en el pasado. Este pasado no se muestra cronológicamente, hay escenas que cuentan la vida del protagonista después del deslave, pero antes de su aventura. Vemos la relación entre él y su padre, que en realidad si sobrevivió, pero más que nada se ven los restos de lo que dejó la catástrofe. En el primer plano de la primera de estas escenas, se ven las ruinas del edificio en que vivía el niño y su familia. Estas estructuras simbolizan lo que era Venezuela y su deterioro, hasta llegar a lo que es ahora. En su día, ese edificio había sido alto, grande y fuerte, llenos de familias, habitado por persona sanas y contentas de vivir allí. Ese edificio era el hogar y toda una estructura de vida para sus habitantes. Después del deslave, sin embargo, un desastre que ocurrió el mismo día que los venezolanos votaron en referéndum la nueva constitución de Hugo Chávez, ese mismo edificio perdió casi toda su funcionalidad. ¡Está a punto de caerse! No tiene paredes ni tuberías para soportar la vida y orden que sostenía. Son apartamentos inhabitables, pero el niño, su padre, y unos cuantos vecinos, siguen viviendo allí.

“Nosotros siempre hemos vivido aquí. Esta es nuestra casa,” le dijo al niño su papá, mientras trataban de armar una tubería. “No nos vamos a ir.”   

El padre y la comunidad con la que viven en estas ruinas representan el grupo de venezolanos que se ha quedado en el país a pesar de su degradación. Ellos están atados a lo que era y van a seguir viviendo como si nada hubiera pasado. En otra escena retrospectiva, mientras una capa de agua llena parte del piso, el niño le pregunta a uno de sus vecinos cómo ve las noticias mientras juega cartas y sin volumen. Él le responde, “Ya sé lo que pasa… lo mismo.”

Esta comunidad está tan enfocada en regresar al pasado que no ven la realidad actual del país. Se distraen con cartas y no quieren cambiar su modo de vida, pero si reconocen cuando las cosas no funcionan en su entorno y trabajan en conjunto para arreglar sus hogares. Las razones que dan para justificar sus decisiones y estilo de vida también entran en un discurso político y demuestra como perciben a los que se han ido. Explican que los refugios que organizó el gobierno después del deslave no tenían ni luz ni agua, aunque su propio edificio tampoco cuenta con esos servicios. Este es uno de varios ejemplos de la película que demuestran la falta de atención y refugio que le ha prestado el gobierno venezolano a su gente. En esa misma conversación, otro vecino trata de asustar al niño contando una historia sobre alguien que se fue a esos refugios y perdió la memoria. El papa del niño y sus vecinos representan una visión de Venezuela en que irse es olvidar, y rogar por el pasado es mejor que tomar lo que el gobierno ofrece en el presente.  

Al salir de las ruinas de Vargas en búsqueda de su madre, el niño se enfrenta con el presente sociopolítico de Venezuela. Él se encuentra con una variedad de personajes en su aventura, cada uno demostrando distintos niveles de cariño y ética hacia el niño. En una escena, el niño se encuentra en el asiento de atrás de un ladrón que le pregunta si le da miedo viajar solo. El niño le pregunta, “¿de qué?” y el ladrón responde, “no sé, de los extraños.”

La película demuestra una sociedad venezolana en que se comportan más como extraños que vecinos. De vez en cuando el niño encuentra personajes, generalmente mujeres, que lo cuidan ofreciéndole comida y refugio. Sin embrago, más que nada el niño es burlado y maltratado por bribones que se aprovechan de él y otros recursos de la sociedad. Uno de los compañeros más prevalentes en el viaje del niño es otro muchacho que lo contrata para ayudarlo a pintar y decorar lanchas en el día de San Juan. El niño lo ayuda, pero el muchacho le quita más de lo que le da a cambio. Después de pintar y entregar la lancha, el niño le pregunta a el muchacho cuándo le va a pagar, explicándole que tiene hambre. El muchacho le responde una y otra vez, “ya te pago,” pero nunca lo hace, mientras lo sigue arrastrando por el pueblo, delinquiendo.

Este muchacho simboliza el gobierno de Venezuela y las promesas que no se han cumplido para el bienestar del pueblo. En el primer encuentro entre el niño y este otro chico, los dos empiezan a hablar porque el muchacho le quito el bolso.  El muchacho se lo regresa, pero instantáneamente le pide ayuda, aunque lo acaba de robar. En sus aventuras juntos, el muchacho actúa amigablemente con el niño, tomándose fotos juntos y presentándolo a sus amigas, pero nunca le paga o le da algo de valor que lo ayude a continuar su viaje y cubrir sus necesidades. El niño entra en momentos de desesperación y esta relación también lo convierte en ladrón. Este comportamiento es comparable a las acciones del gobierno hacia el pueblo venezolano y cómo la sociedad ha ido perdiendo sus valores. En su viaje, el niño también pasa por varias viviendas sociales con el eslogan, “Venezuela ahora es de todos.” Estos refugios son los mismos que criticaba el padre por no tener luz y agua, pero en sus paseos, el niño también reconoce otras contradicciones en las reglas y actualidad de estos servicios. En un momento de la película, la comunidad estaba botando a una señora del refugio por no tener familia con hijos, y en otro vemos a otro grupo de ladrones desarmando casas que estaban en construcción. Todas estas son señas del mal mantenimiento de los servicios sociales del gobierno y como han afectado la sociedad venezolana.

Entre la realidad cruda del país y la mentalidad retrospectiva de su papá, el niño va a una misión para encontrar a su madre y en si también encontrar la visión ideal de Venezuela. Su viaje empieza cuando encuentra una revista con la foto de su madre vendiendo ostras. La mamá representa lo mejor de Venezuela en sus mejores tiempos. Con playas preciosas, grandes montañas y una de las vistas naturales más bellas del mundo, Venezuela es un país de revista, y en algún momento fue conocida por exportaciones como las ostras. Este el único detalle que tiene el niño para encontrar a su madre, pero, “ya no hay ostras.” Venezuela ya no es lo que era, y ha caído en un deterioro en donde no tiene los ingresos que tenía antes. En esta metáfora, en que la mamá representa a lo mejor de Venezuela, también explora su futuro a través de la relación con su hijo. En sus varias mentiras, el niño le pregunta a la audiencia, “¿Cómo se llama una mamá que perdió a su hijo? ¿Un niño que mató a su mamá? ¿Un niño que su mamá no le quiere?”   En algunas versiones de su mentira, él dice que su mamá está muerta. En el caso del presente sociopolítico del país, hay que analizar cuál será el futuro, y como será con tanta emigración de la población del país. Venezuela es lo que le llamas una mamá que ha perdido a su hijo en el extranjero, pero… ¿será que fue el hijo que la mató al salvarse? Con la realidad actual de Venezuela, ¿será que la patria no quiere a su hijo? ¿Qué pasa si lo mejor de Venezuela, la mamá, ya está muerta? Al final, el niño si encuentra a su mamá vendiendo ostras, lejos de Vargas, con una nueva vida. Él le pregunta porque no regreso y ella le explica que, “ese lugar ya no existe.” Al contraste de su esposo, la mamá no reconoce su viejo hogar, y no vive lo suficiente en el pasado para fingir que es cómo era. Lo mejor de Venezuela sigue vivo, y continúa teniendo rasgos de grandeza del pasado, pero no quiere participar en el deterioro del presente.